Escritos de un Internacionalista

- - - El Idealismo debe definir nuestros fines últimos; el realismo debe ayudarnos a reconocer el camino que debemos recorrer para alcanzarlos. - - -


Comenzando a escribir estas líneas a la 1:28 am del 12 de diciembre de 2011 y teniendo como acompañante a las notas de Tchaikovsky, he decidido plasmar en este espacio un poco de mis ideas.

No sé cómo seré en 10 años, no sé la manera en que mantenga en 10 años, pero lo que sí sé es qué es que buscaré.
Mi área de especialización es la Cooperación Internacional para el Desarrollo y no es por simple coincidencia que me decidí por tal empresa. 
Yo admito una verdad: cuando tuve mi primera clase de Relaciones Internacionales, nos preguntaron el por qué decidimos entrar a esa carrera. Yo respondí con sinceridad: mejorar las condiciones actuales y cambiar al mundo.
Admito que en ese entonces yo tenía un idealismo (término ad hoc) inherente a mí: no sabía nada. Yo no quería viajar ni hablar muchos idiomas, únicamente deseaba contribuir con mis manos y espíritu a mejorar la calidad de vida humana. 
Yo en ese entonces no tenía idea en donde estaban países como Ghana, Zimbabwe, Surinam; ni tampoco ciudades como Reikiavik, Oslo o Belmopán. No sabía lo que ocurría en Xinjiang, Darfur, etc. No sabía nada (y sigo sin saber el 99, 99 de los por qué).
A muchos les pareció común y hasta cierto punto ingenua mi respuesta pero no me importó en lo más mínimo. Yo estaba seguro que en algún grado o medida, lograría mi cometido. Hoy, a cuatro años y medio de distancia, sostengo mi respuesta: quiero cambiar al mundo. He cambiado de visión, preferencias, percepciones, gustos y tendencias políticas, pero no he modificado mi objetivo principal. No sé si a muchos les sucedió, pero yo ya tenía mi misión establecida antes de estudiar la carrera, sólo me hacían falta las herramientas para dar inicio a las gran transformación (¿acaso suena a Kafka?).
Tomando en cuenta que muchos de mis colegas ahora están a punto de terminar la licenciatura en Relaciones Internacionales, aprovecho este escrito para (en dado caso que lo leyeran) recordarles su misión al estudiar nuestra disciplina. Sea lo que sea a lo que se dediquen, por favor, háganlo con cariño.
Existe una frase que versa así: “El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace” (Tolstoi). Yo la aplico en todo, absolutamente en todo lo que hago. Trato de sonreír aún cuando todo parece perdido.
No se ustedes (quien sea que lea este texto) pero yo no me preocupo por dinero, aún cuando mi economía es muy precaria.  Sin embargo, yo sé que tendré los mecanismos para vivir y cumplir con mi misión. Algunos lo llamarán juventud, inexperiencia, duda, ignorancia; desde mi perspectiva, tal vez es precisamente esa llamarada es lo que necesitan para rejuvenecer sus cuerpos atareados. No sean de las personas que si utilizan su fuego interno es para prender ambos lados de la mecha y así consumirse más rápido.   

Por mi persona, trabajaré arduo para lograr mi propósito. Estoy harto de ver imágenes como ésta:
Mihag Gedi Farah. Afortunadamente el niño está completamente recuperado


Alguien lo hizo por Mihag, yo lo haré por alguien más.

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