Escritos de un Internacionalista

- - - El Idealismo debe definir nuestros fines últimos; el realismo debe ayudarnos a reconocer el camino que debemos recorrer para alcanzarlos. - - -



La Ola es una película alemana producida en el 2008 por el director Dennis Gansel. Toma como base un experimento (La Tercera Ola) en un salón de clases en California.

El objetivo de la película es tratar de demostrar cómo se pueden tergiversar los argumentos de un grupo social específico para convertirse en una dictadura. La democracia que imperaba dentro del aula se ve íntimamente en peligro, desde el momento en que los estudiantes dejan de pensar como individuos con decisiones propias para ser parte de algo más grande: la masa. Ser parte de la masa tiene sus riegos e implicaciones; beneficios pero también consecuencias.

La Ola es un buen ejemplo que demuestra que a pesar de las personas con intelectos altos y objetivos definidos, pueden perder su capacidad de análisis, sólo por pertenecer a un grupo social y dejar de ser relegado. Sociológicamente y sicológicamente el ser humano tiende a la manipulación de su ambiente para obtener beneficios directos de el; es aquí en donde los líderes carismáticos aprovechan la coyuntura y se erigen como figuras dominantes. El problema radica en que no todos pueden comprender el movimiento y se convierten en fanáticos extremistas que tienden a ocasionar daños severos...


Los Mapuche y su movimiento social: la defensa de su tierra
 y el fomento al medio ambiente


“El descontento es el primer paso
en el progreso de un hombre o una nación”
Oscar Wilde
Primera Parte
Introducción
Dentro de América Latina (AL) se han gestado una serie de movimientos sociales cuyos objetivos son diversos y de distinta modalidad. La mayoría de ellos tienen una constante: la causa principal por la cual surgieron es debido al descontento que se vive dentro de la pequeña o gran comunidad en la que se encuentren. En el mismo orden de ideas, se puede mencionar que los movimientos sociales son repelidos generalmente con violencia (ROJAS 2008, p.1-36).
Uno de esos tantos movimientos sociales que han surgido es el de los Mapuche. Los Mapuche son un pueblo indígena que tiene su lucha en contra de la intervención del Estado Chileno en las tierras que les han pertenecido desde su fundación como pueblo y que han sido otorgadas a empresas que las destruyen y que al mismo tiempo son perjudiciales al medio ambiente.
Este ensayo tiene el propósito de analizar el movimiento social Mapuche visto desde la lucha para recuperar las tierras, y los acontecimientos que han llevado a cabo tanto el Estado chileno y los mismos Mapuche en el conflicto.
Para cumplir con dicho propósito, el escrito se divide en cuatro partes. Tras la introducción, se realizará un breve recorrido teórico sobre los movimientos sociales y una aproximación geográfica y temporal de quiénes y en dónde están los Mapuche. En la tercera parte (nodal en el escrito) tiene como objetivo indagar sobre las exigencias de los Mapuche y las respuestas que han tenido que afrontar por parte del poder central. En última parte se dará cabida a las consideraciones finales, las cuales versarán sobre la injusticia que ha tenido que soportar ése pueblo.
Segunda Parte
Los Movimientos Sociales: aproximaciones teóricas

El primer paso para comprender los movimientos sociales es conocer qué es un movimiento social y por qué surgen.
Un hecho es que los movimientos sociales no son nuevos ni mucho menos su estudio. Se han llevado una cantidad considerable de estudios sobre ellos desde distintas partes del mundo. Lo que es de señalar es que en un estudio en el año de 1998, a nivel sociológico y con respecto a la investigación empírica de los movimientos sociales se señalaba lo siguiente: “Existen todavía problemas implícitos derivados de la misma desconfianza existente entre la teoría sociológica y la investigación y la metodología empírica, y en la profunda división entre construcción teórica y experiencia” (PONT, 1998, p. 263).
Casi una década después, Pedro Ibarra en el año 2000 escribía al respecto de los movimientos sociales: “Mejor que definir a priori qué es un movimiento, parecería más útil llegar a una descripción de los movimientos a partir de reflexionar sobre qué es lo que los movimientos tratan de suplir, qué carencias, qué frustraciones, qué negaciones hacen surgir un movimiento social (IBARRA, 2000, p. 1).
Siguiendo el mismo orden de ideas y no tratando de dar una definición de un movimiento social, otorga una visión más amplia:
Un movimiento busca y practica una identidad colectiva, es decir un movimiento supone que determinada gente quiere vivir conjuntamente una distinta forma de ver, estar y actuar en el mundo. Ciertamente la intensidad de esta vivencia puede ser muy débil, pero la misma debe existir para poder hablar de un movimiento social. Un movimiento social no puede ser –no es- una oficina donde la gente arregla sus problemas individuales. Debe existir un mínimo de compartir un sentido, una común forma de interpretar y vivir la realidad (Ibid.)

El disgusto forjado debido a gestión de gobierno y decisiones que benefician a ciertos sectores que se consideran privilegiados y que afectan a los intereses de las grandes mayorías, tienen como resultado el rechazo popular inmediato, se podría considerar que es el combustible de buena parte de los movimientos sociales.

Raúl Zibechi establece que los movimientos sociales en AL tienen características comunes, y uno de ellos es la relación con la naturaleza. Asegura al respecto:
Las formas de organización de los actuales movimientos tienden a reproducir la vida cotidiana, familiar y comunitaria, asumiendo a menudo la forma de redes de auto organización territorial. (…)Tienden a visualizar la tierra, las fábricas y los asentamientos como espacios en los que producir sin patrones ni capataces, donde promover relaciones igualitarias y horizontales con escasa división del trabajo, asentadas por lo tanto en nuevas relaciones técnicas de producción que no generen alienación ni sean depredadoras del ambiente (ZIBECHI, 2007, 116).
Los movimientos sociales promueven valores propios de la comunidad y de cierta manera fomentan un grado de identidad dentro de sus miembros. En el caso específico de los Mapuche, ellos mismos se han considerado como una nación dentro del mismo Estado de Chile.
 ¿En dónde tienen identidad los Mapuche y quiénes son?
La Nación Mapuche se sitúa en el Cono Sur de AL, y específicamente en Chile y Argentina. En Chile residen mayoritariamente en las provincias de Bío-Bío, Arauco, Malleco, Cautín, Valdivia, Osorno, Llanquihue y Chiloé (ver anexo). Como consecuencia del hacinamiento poblacional en las reservas indígenas; la mayoría de los Mapuche residen en los grandes centros urbanos de Santiago, Concepción, Valparaíso, Temuco y Valdivia. En Argentina los Mapuche residen en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut (http://www.mapuche.info/mapu/EU020209NacionMapSp.htm).
En el último censo que se realizó en Chile en 1992 por el Instituto Nacional de Estadísticas, alrededor de un millón de los encuestados declararon identificarse como pertenecientes al pueblo Mapuche. El pueblo Mapuche representa más del 80% de la población total indígena del país (http://www.ine.cl/canales/sala_prensa/archivo_documentos/enfoques/2008/junio/hombres_junio_08.pdf).
La historia de Chile durante los diversos periodos de consolidación del Estado, se ha caracterizado por ser altamente discriminatoria contra las poblaciones que no son consideradas razas blancas. Al respecto, se ha escrito en buena medida de la formación de la identidad del chileno y la exclusión de múltiples capas de la población endógena-indígena (WALDMAN, 2004).
Los Mapuche eran una cultura de avanzada en el tiempo prehispánico. Su sistema de organización, cultivo, distribución los hacían eficaces para controlar una cantidad de tierra enorme. Efectivamente la nación Mapuche fue derrotada en 1881 por el poder central que ejercía el poder en el Estado. Se puede mencionar que el nacionalismo y el sentimiento de derrota siguen vigentes por ser relativamente recientes comparándolos con otras culturas como la azteca o maya. Son precisamente estos factores que distinguen a los Mapuches de otros movimientos sociales de la región.
Tras la derrota los mapuches fueron confinados en «reducciones»: de los 10 millones de hectáreas que controlaban pasaron al medio millón, siendo el resto de sus tierras rematadas por el Estado a privados. Así se convirtieron en agricultores pobres forzados a cambiar sus costumbres, formas de producción y normas jurídicas (ZIBECHI, 2007, 116).
Para tener más claro el panorama de la situación, José Bengoa escribió al respecto:
Una violencia inaudita se desató sobre las comunidades indígenas durante las tres primeras décadas del siglo XX en Chile (…). La sociedad mapuche tendrá una viva conciencia de persecución, discriminación, violencia, arbitrariedad. Desconfiará de la sociedad chilena en todas y cada una de sus relaciones; cada mapuche en particular conocerá, y se hará rápidamente cultura, que la relación con el blanco es siempre peligrosa, asimétrica, engañosa, fuente de lobos y violencia. Para sobrevivir (mantenerse vivos) en el sentido más literal y pleno de la palabra, es necesario poner la barrera de la cultura, entre los chilenos invasores y los sobrevivientes. El ámbito de la cultura de resistencia será la comunidad (BENGOA, 2000, 368).
Tercera Parte
Los Mapuches exigen y el Estado responde
Este apartado comienza haciéndose una pregunta: ¿hasta qué punto es legítima la lucha Mapuche observándola desde la perspectiva del Estado? Realmente no es muy alentadora la respuesta para los Mapuches y su movimiento social.
En lo que los Mapuches promueven dentro de su movimiento, puede catalogarse dentro de estas peticiones: autonomía jurisdiccional para autolegislarse, fomento y la defensa cultural, así como el recuperar el control de la tierra. El presente apartado se enfocará a este último aspecto.
El Estado Chileno a pesar de que se distingue por ser particularmente duro con los Mapuche casi desde el comienzo de su existencia, no siempre ha sido así; claro está que no fue suficiente y además, duró muy poco tiempo.
Zibechi (2007) en un vasto estudio de la realidad de los Mapuches contemporáneos, explica que en los 60 y 70 los gobiernos demócrata cristianos y socialistas implementaron una reforma agraria que devolvió tierras a los mapuche y fomentó la creación de cooperativas campesinas. El Estado participó activamente en la política forestal tanto en los cultivos como en el desarrollo de la industria.
Poco tiempo después fue suficiente para que se comprobara que las políticas efímeras de apoyo a las comunidades indígenas como los Mapuches fueran sustituidas por otras de tinte neoliberal durante la imposición de la dictadura de Pinochet.  Zibechi en una entrevista con Lucio Cuenca, quien coordina el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA) asegura al respecto:
La dictadura militar realizó una contrarreforma modificando tanto la propiedad como el uso de la tierra. En la segunda mitad de los 70, entre 1976 y 1979, el Estado traspasó a privados sus seis principales empresas del área: Celulosa Arauco, Celulosa Constitución, Forestal Arauco, Inforsa, Masisa y Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, que se vendieron a grupos empresariales a un 78% de su valor.
El pinochetismo marca la diferencia: la industria forestal en Chile está en manos de dos grandes grupos empresarios nacionales, liderados por Anacleto Angelini y Eleodoro Matte. En el resto del continente, la industria está en manos de grandes multinacionales europeas o estadounidenses. Es en este punto donde la nacionalidad de los propietarios no tiene la menor relevancia.
Desde una cosmovisión propia y endógena del latinoamericano, se pensaría que por competir la misma tierra y por nacer en el mismo país, los dueños de las grandes empresas ayudarían a sus compatriotas. Los trabajadores y toda persona involucrada dentro del proceso productivo, tendrían como soporte la base para  fomentar el cambio tan anhelado en las condiciones sociales y en una mejor distribución de la riqueza. Desafortunadamente eso no sucede en Chile y las industrias forestales.
Adentrándose en cuestiones legales, es preciso señalar que se han llevado a cabo investigaciones que tratan precisamente sobre las cuestiones indígenas por parte del poder central del Estado.
El abogado José Aylwin (2000) realizó un recuento sobre las políticas ejecutivas aprobadas que tenían injerencia directa sobre las cuestiones Mapuches que son de la incumbencia de este escrito.
Durante dicho régimen se dictaron los decretos leyes N° 2568 y N° 2750 (1979), legislación elaborada sin participación indígena y desde la cual se incentivó el desarrollo de un proceso divisorio que, en la práctica, terminó con la casi totalidad de las comunidades reduccionales Mapuche creadas por el Estado chileno tras la ocupación militar de la Araucanía (p. 280).
Es aquí en donde se hace más visible la intención del poder central para la imposición de condiciones más severas para aquéllas personas que viven en esas reducciones. El objetivo era motivarlos para que dejen sus tierras. Como contramedida, las organizaciones Mapuches se hicieron notar y comenzaron a movilizarse dentro del aparato de gobierno para exigir sus derechos. Por el contrario, el Estado chileno les otorgó voz….pero una voz muy débil.
El especialista en leyes en Chile, comenta al respecto lo siguiente:
En esencia se trata de una participación de carácter consultivo, puesto que la ley dejó (…) la resolución de los asuntos indígenas en manos de Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), entidad cuyo Consejo Nacional controla el gobierno, y de los servicios de la administración del Estado. Prohíbe a las asociaciones asumir la representación de las comunidades. Todo ello obstaculizó (…) la efectividad del derecho a la participación indígena reconocido en la ley (p. 282).
Lo cierto es que una de las falacias de la CONADI es que no cumplió con su misión de proporcionar protección a los derechos de los Mapuches (y en general a todos los indígenas) sobre cuestiones de los recursos naturales que se localizan dentro de sus territorios, los cuales resultan fundamentales para el desarrollo y existencia.
Un aspecto trascendental que es obligatorio (y punto nodal) hacer mención es que una importante cantidad de las tierras que hoy poseen las empresas forestales es reclamada por las comunidades.
Sólo en la Provincia de Arauco se estima en alrededor de 60 mil las hectáreas en manos de las empresas forestales en conflicto con comunidades mapuche. Dichas demandas se fundamentan en el hecho de que éstas pertenecían a los territorios jurisdiccionales de los longko o caciques antiguos en el período prerreduccional; o estaban incluidas dentro de los títulos de merced otorgados por el Estado y en virtud de las leyes divisorias vigentes entre la década del ’20 y la del ’90, y luego fueron apropiadas por particulares; o estuvieron ocupadas por las comunidades (y muchas veces forestadas con apoyo estatal) durante el período de la reforma agraria, y luego las perdieron durante el proceso de contrarreforma agraria bajo el régimen militar (p. 287).
Otro proyecto que atañe de manera directa a los Mapuche es el de la construcción de centrales hidroeléctrica por parte de la empresa Endesa ha propuesto para río Bío-Bío. Por cada obra de infraestructura que se crea en territorio Mapuche, el desplazamiento de más familias es obligatorio.
Se puede afirmar que los principales obstáculos que tienen los Mapuches para lograr sus objetivos son las empresas. Como toda industria cuyo objetivo es lograr la mayor ganancia (estilo neoliberal) no les importa las consecuencias o impacto que puedan tener en el medio ambiente, aún cuando signifiquen cambios dentro del suelo (erosión), contaminación de ríos y aniquilación de flora y fauna silvestre. Es aquí en donde llegamos a la pregunta ¿qué hacer cuando las industrias contaminan los ríos (o los bloquean) y dejan inútiles los suelos y contaminan el aire? ¿Qué hacer cuando les quitan el sustento que han tenido durante milenios? ¿Quién tiene primacía de sobrevivencia? La respuesta es diversa, pero los Mapuches han decidido hacer uso de movilizaciones sociales.
De los individuos que han decidido formar parte de la resistencia para la lucha de sus intereses como sociedad Mapuche, la mayoría han sido víctimas de algún tipo de abuso por parte de algún tipo de autoridad vinculada al Estado, o en el mayor de los casos son encarcelados. Tal es el caso de José Huenchunao, quien se autodenomina “preso político Mapuche”.
En una carta abierta a los seguidores de la causa Mapuche, Huenchunao comunicó en la página de internet de la Organización Mapuche Meli Wixan Mapu:
Yo seré tan solo uno de los varios presos políticos mapuche que se encuentran recluido en diferentes cárceles de este estado chileno. Sabemos que las cárceles son un lugar de castigo que el estado chileno y sus operadores políticos y judiciales han destinado como paraderos para quienes luchan o representan social y políticamente al pueblo-nación mapuche (http://meli.mapuches.org/spip.php?article371).
Consideraciones Finales
Un movimiento social tiene como objetivo un cambio en las relaciones de trato y de condiciones entre los grupos antagónicos cuyos intereses son generalmente divergentes. Las razones por las cuales surgen son debido a la carencia de un marco que propicie la igualdad real entre los miembros de una sociedad focalizada y que fomenten una situación de respeto mutuo.
Se puede estar de acuerdo en que el mayor potencial de los movimientos sociales no estaría sólo en sus capacidades para incidir sobre los sistemas políticos de la región (…), sino en sus capacidades para producir cambios en la sociedad desde las propias bases (GÁRCES, 2003).
Los Mapuches tienen la necesidad y el coraje para organizarse (como muchos otros pueblos de AL) y defender lo que es de ellos desde hace miles de años. Los Mapuches son una nación indígena dentro de un país modernizado al estilo europeo; es aquí en donde se recuerda la manera en la que contar con un apellido indígena es signo de repulsión por parte del sistema social chileno y los que comulgan con él.
¿Por qué el movimiento Mapuche es denigrado y con miras a ser controlado lo antes posible por el poder central de Chile? La respuesta es compleja, pero lo más simple que puede ser explicado sigue las ideas de un europeo: “El nacionalismo, es una fuerza unificadora dentro de los movimientos sociales que ofrecen un repertorio ideológico para los movimientos periféricos. El movimiento nacional a  través de la movilización de los valores culturales étnicos, amenazan la identidad de las elites, la legitimidad del Estado y su lugar dentro de la estructura orgánica de la sociedad” (HAVEL, 1985).
Una nación dentro de un país es peligrosa para mantener el control y pone en jaque a los que gozan el poder. Pero eso sucede cuando se intenta implantar una sociedad blanca dentro de una región aislada en que los Mapuches son los herederos. Los factores étnicos, culturales, políticos y sociales son totalmente diferentes entre los indígenas y los de la civilización moderna.
La civilización parece que está destruyendo a la tierra y a todos los que viven dentro de ella. ¿Para qué sirve que el Estado chileno implemente políticas de desarrollo para los chilenos, cuándo estas no incluyen a todos los chilenos pero sí a sectores específicos (que mayoritariamente no están en estado de pobreza)? Desafortunadamente parece que esto es el pecado original de la mayoría de los países de AL.
¿Hasta dónde es permisible que aquéllas personas que gozan de privilegios, puedan continuar explotando los recursos naturales y seguir causando desastres ecológicos que perjudican al sistema natural del mundo? Pareciera ser que se olvidan que solo tenemos un planeta para vivir y que si lo forzamos demasiado, las consecuencias serán devastadoras para la realidad en como la conocemos ahora.
Cada persona chilena, latinoamericana o de cualquier parte del mundo que recibe algún producto que ha sido manufacturado con materias primas que fueron extraídas de los territorios Mapuche, desconoce el grado de sufrimiento que ha tenido que soportar el pueblo Mapuche. Desconoce las consecuencias que han tenido por tener la industria cerca. Definitivamente su percepción de su realidad es totalmente distinta a la de los Mapuche: la defensa de la tierra y el fomento al medio ambiente son acciones diarias (sin contar la represión sufrida).
En el mismo sentido pesimista, desafortunadamente pocas personas pueden imaginar la situación en la que viven los Mapuche. No es lo mismo contar una historia a ser protagonista de ella… tienen que vivir la situación para comprender sus peticiones. Los Mapuches luchan por la defensa del medio ambiente, porque serán las generaciones posteriores quienes gocen o sean dañados por las acciones que sean efectuadas el día de hoy en esos territorios.
Las peticiones, demandas y reclamos de los Mapuches son legítimos siempre y cuando se presenten a través de los medios adecuados, pero ¿qué sucede cuando se presentan y las instancias adecuadas para recibirlas no las reciben y en cambio, están contaminadas con el germen de la corrupción y trampas legales?
Las personas que luchan en contra del sistema son acusadas de atentar contra la seguridad del Estado y son enviadas a la cárcel: solo por luchar por sus pertenencias y por sus recursos naturales básicos como el agua, sus pequeñas cosechas y el oxígeno.
¿La inserción en la modernidad y “civilización” es lo que los Mapuches necesitan? Nadie mejor que ellos para decidirlo, puesto que ellos serán los que reciban de primera mano las consecuencias de sus decisiones.






BIBLIOGRAFÍA.
·         Aylwin, José  (2000) Los Conflictos en el territorio Mapuche: antecedentes y perspectivas. Revista Perspectivas (Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile), vol. 3, Nº 2 (pp. 277-300)
  • Bengoa, José (2000). Historia del pueblo mapuche, siglos XIX y XX, Chile, LOM.
·         Garcés, Mario (2003). Los movimientos sociales en América Latina en el actual contexto. Chile,  Escuela de Trabajo Social, Universidad Nacional de Córdoba.
·         Ibarra, Pedro (2000). ¿Qué son los movimientos sociales? en Anuario de Movimientos sociales. Una mirada sobre la red. Elena Grau y Pedro Ibarra (Coord.). Barcelona, Icaria Editorial y Getiko Fundazioa, p. 9 - 25.
·         Pont Vida, Josep (1998). La investigación de los movimientos sociales desde la sociología y la ciencia política. Una propuesta de aproximación teórica, Papers, 257 – 272.
·         Raúl Zibechi. (2003) Los movimientos sociales latinoamericanos: tendencias y desafíos. Buenos Aires. En Observatorio Social de América Latina. No. 9.

·          ----------------.  (2007) “La larga resistencia mapuche” en Autonomías y emancipaciones. Lima, América Latina en movimiento, Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Programa Democracia y Trasformación Global.
·          Rojas Aravena, Francisco (2008). Globalización y violencia en América Latina. Debilidad estatal, inequidad y crimen organizado inhiben el desarrollo humano, Revisa Pensamiento Iberoamericano, no. 2.
·         Seguel, Alfredo. (2002). Criterios de credibilidad en la investigación naturalista. En Carlos Contreras Painemal (Editor), Actas del Primer Congreso Internacional de Historia Mapuche (pp. 173-187). Alemania: Ñuke Mapufölaget.
·          Waldman Mitnick, Gilda (2004). Chile: indígenas y mestizos negados, Política y cultura, primavera, núm. 21. Universidad Autónoma Metropolitana, p. 97 – 110.
SITIOS DE INTERNET.

Ficha técnica:

Juan Pablo Prado Lallande, “Iniciativa Mérida: ¿un nuevo paradigma de cooperación entre México y Estados Unidos en materia de Seguridad?” en Rafael Velázquez Flores y Juan Pablo Prado Lallande (Coord.), La Iniciativa Mérida: ¿Nuevo paradigma de cooperación entre México y Estados Unidos en seguridad?, SITESA, México, 2009, pp. 187 - 215


Un gobierno eficaz, transparente, responsable y confiable, que actúe bajo el predominio de la ley, es la base de un desarrollo sostenible, no el resultado de éste”.
Kofi Annan


Un hecho es que el crimen organizado atenta contra la seguridad humana. La cooperación internacional de avanzada debe hacerse en virtud de acciones reciprocas, coherencia entre sus actividades y colaboración entre las entidades involucradas, certidumbre en la financiación, identificación de parámetros para medición de efectividad en cuanto a lo esperado y a lo obtenido; rendición de cuentas de ambas partes y el fomento a la participación de la asociación civil para que sea un nuevo paradigma en la cooperación internacional.
La pregunta a cuestionar es si realmente la Iniciativa Mérida (IM) es un nuevo paradigma de cooperación entre México y Estados Unidos de América si tomamos en cuenta los conceptos para catalogarla como cooperación de avanzada y así catalogarla como un nuevo paradigma.
EEUU promueve una cooperación de estilo realista, en donde el sistema internacional es propenso al conflicto y en donde el poder político, policiaco y militar son las principales fuentes que promueven la  seguridad de los Estados; es aquí donde la seguridad humana altamente defendida por agencias de Naciones Unidas (ONU) tal como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es desplazada a un segundo grado de importancia.
La IM se crea dentro del contexto de éste tipo de cooperación de corte realista pero sin el ánimo de intervención, sino de cooperación. Cooperación en el sentido de un menor costo y mayor beneficio en la promoción de sus intereses estratégicos en comparación con las presiones políticas- diplomáticas directas y el uso de la fuerza militar dura.[1]
Cuando la Guerra Fría llegó a su fin y ya no se tuvo que hacer un frente al comunismo, la agenda respecto a las prioridades de la agenda de EEUU en materia de cooperación internacional cambiaron. El presidente George Bush identificó al narcotráfico como uno de los nuevos actores que ponían en riesgo la seguridad de su país y fue entonces cuando se desarrollaron planes para el fomento de seguridad regional. Un ejemplo de ello es la “Iniciativa Andina contra las Drogas” y el “Plan Colombia”.
México por su parte también a reconfigurado su agenda. El presidente Felipe Calderón declaró la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico como uno de sus principales objetivos como respuesta a la llegada del poder de manera poco legítima. Cada vez más recursos son empleados para cumplir el objetivo de que México sea un país más seguro, aunque hablar de efectividad de los recursos empleados es otro asunto muy diferente.
La relación entre ambos países se ha mantenido en una situación característicamente asimétrica, siendo México el que pierde más en la competencia. EEUU ve en México una amenaza latente que pone en peligro la seguridad de ese país y reconoce que el Estado Mexicano ha disminuido la capacidad de brindar seguridad dentro de su territorio. Todo esto ha dado como resultado que EEUU perciba  a su vecino del sur como un elemento prioritario para atender dentro del marco de su política exterior (en seguridad) y que promueva esquemas de cooperación.
EEUU concede proporcionar ayuda a países sólo si obtiene algún beneficio cuantioso o si implica incrementar su propia seguridad interna. Parece ser que la IM es contemplada dentro del tradicional esquema de ayuda asistencial de EEUU no fomentando una colaboración mutua y de beneficios bilaterales compartidos, tales como lo exige la cooperación de avanzada.
La IM es contemplada por el gobierno mexicano como un “nuevo paradigma de cooperación” entre México y EEUU en materia de seguridad, pero las pruebas apuntan a que no es así. En primer lugar podríamos hablar de que no existe incertidumbre legal que vincule a ambas partes dentro del Derecho Internacional para hacer más solida la cooperación y en cambio, sólo se adscribe a la “buena voluntad” del donante, aunado a lo anterior, no existe un mecanismo para la solución de controversias entre ambos.
En segundo término, el presupuesto con el que se construye la IM es unilateral y proviene directamente de EEUU, no se contempla un fondo en conjunto; la IM tiene una tendencia asistencialista. Podemos mencionar que la IM también tiene un carácter de condicionalidad unilateral, esto es porque EEUU “califica” ciertos parámetros tales como Derechos Humanos sin que México pueda hacerlo a la inversa.
La ayuda ligada (contemplada dentro de la ayuda tradicional realista) se encuentra también dentro de la IM. El hecho de que México no pueda acceder a otros mercados, lugares o países para comprar equipo a precios más competitivos con la financiación que EEUU ofrece, obliga al Estado mexicano a comprar el equipo y la capacitación a ése país.
Otro aspecto que hace reflexionar si es o no es la IM un nuevo paradigma, es el hecho que no existen parámetros establecidos claros y concisos para medir la eficacia de la ayuda, y aunado a ello los mecanismos de evaluación y la trasparente publicación de información no es como debería de esperarse dentro de un nuevo marco de cooperación. En el mismo sentido podemos mencionar que aunque se han promovido ejercicios de análisis, discusión y propuestas para mejorar la IM, éstas no han tenido el efecto deseado. Todas las  premisas anteriores nos hacen cuestionar si realmente la IM es un nuevo paradigma de cooperación entre ambos países.
Si bien la IM es una nueva etapa de cooperación entre ambos países y contempla el principio de responsabilidad compartida, no es del todo un nuevo paradigma.
La pregunta que podríamos hacernos es: ¿en algún momento la relación bilateral México – EEUU  tendrá  características de cooperación que la distingan por ser de avanzada? La tendencia indica que el gobierno mexicano no fomenta éste tipo de cooperación y más aun, otorga la anuencia para que continúen las condiciones que el gobierno norteamericano impone en las negociaciones. Lo que necesita México es fortalecer su política exterior y específicamente su capacidad de negociación en el escenario internacional.


[1] Desde la perspectiva realista con Steven W. Hook, se considera que la cooperación internacional se debe dar en el marco del fomento de los intereses del donante en el receptor, los cuales son: incrementar su influencia política, seguridad militar, comercio e inversiones extranjeras. Steven W. Hook, National Interest and Foreign Aid, Washington D.C., Lynne Rieener, 1995, p.34.

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