Escritos de un Internacionalista

- - - El Idealismo debe definir nuestros fines últimos; el realismo debe ayudarnos a reconocer el camino que debemos recorrer para alcanzarlos. - - -



Por Eduardo González Cinto

Después del crecimiento económico que se había impulsado en el régimen de Díaz, se presentaron varios síntomas de si decadencia, es decir, que la superior instancia del siglo XIX se torno grave en los principios del XX. Las críticas que se presentaron fueron de diversos grupos:

¨ Sectores católicos

¨ Grupo de ideología liberal

¨ Grupos de clase media urbana que alegaban que se aplicaran los principios de anticlericalismo, libertad de expresión, democracia electoral.

Camilo Arraiga convocó a defensores de las ideas liberales, en sus filas, se destacaron los hermanos Jesús y Ricardo Flores Magón. Comenzaron a cuestionar a los científicos y a Reyes, así mismo se ocuparon de la inversión extranjera y se ocuparon del asunto d los obreros y campesinos. El gobierno como respuesta, los reprimió y se asilaron en EUA.

Tiempo después, Ricardo F. M. encabezaría el cambio hacia la anarquía (influencia estadounidense). Operaban en el extranjero y por ello, les hizo cometer errores e la estrategia política. Su influencia se vio disminuida por las represiones sufridas en las huelgas de cananea y Río Blanco (1908).

Las preferencias de Díaz hacia los científicos causo un descontento en los reyistas, por ende, un tiempo después, éstos apoyaron un movimiento incipiente que estaba en contra de la reelección encabezado por Francisco I. Madero. Madero difundió en campañas en el país la creación de un partido de alcance nacional que se denominaría el Partido Nacional Antireelecionista; como candidatos a la presidencia estaban Madero y Vázquez Gómez (como símbolo de alianza entre ambos movimientos). A pesar de los esfuerzos de Madero por difundir un cambio, Díaz lo aprendió y encarcelo, poco tiempo después, se exilio en EU. En Texas declaro un plan que convocaba a la lucha armada, sin embargo la idea no fue secundada dada las condiciones en que se encontraba. Además se fomentaba un temor debido a la muerte de los hermanos Serdán, que les mostraba el destino que todos los antireelecionistas sufrirían.

En 1911 Madero asumió de nueva cuenta el poder y organizo de mejor manera el ejército, a su vez, cada vez mas movimientos se unían a la causa, haciendo que su represión fuese más dificultosa.

En calidad de que cada vez eran más las victorias del ejército rebelde, Díaz al formarse el tratado de Ciudad Juárez, abandono el país.

La Revolución Mexicana fue en esta fase una movilización que cambio el orden electoral por medio de rebelión armada.

Francisco León, tenía como misión el desarme y desmovilización de las fuerzas rebeldes y proclamar a nuevas elecciones. El desarme fue un proceso complicado; Zapata y la gente que lo seguida, se negó a entregar las armas hasta que no se les devolvieran sus tierras. En cuanto a las nuevas elecciones, Madero cambió el nombre del partido a Partido Constitucional Progresista. Madero en octubre de 1911 asumió el cargo no sin antes romper relaciones con los reyistas, orozquistas y zapatitas. La presidencia de Madero trajo consigo prácticas políticas más democráticas: hubo elecciones libres y se respeto la libertad de expresión; el poder ejecutivo dejo de dominar al legislativo y al judicial. En lo laboral, fue respetuoso con los derechos organizativos de los obreros, pretendió mejores condiciones para ellos. Todo esto dio como consecuencia muchas huelgas y levantamientos contra los hacendados.

Paradójicamente, las propuestas y acciones de Madero, dejaron insatisfechos a casi todos; los hacendados y empresarios lo veían como un peligro y los obreros y camerinos como insuficientes. Todo esto ocasionó criticas y rebeliones armadas, los que las encabezaban eran Bernardo Reyes y Félix Díaz, y Zapata y Pascual Orozco.

En 1912 y principios de 1913, Madero había controlado cuatro rebeliones sin embargo, trajo serias consecuencias al gobierno interno de Madero. Tras una serie de movimientos de Huerta logró derrocar a Madero y quedo signado en el Pacto de la Ciudadela.

Mientras Huerta se consolidaba en el poder, un conjunto de grupos opositores establecía una alianza, formalmente encabezada por el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza. Los opositores, unidos bajo el nombre común de constitucionalistas, que su principal objetivo era la restauración del orden constitucional, estaban comprendidos por grupos del norte del país -el propio Carranza, el carismático y audaz Pancho Villa y un importante grupo del estado de Sonora, liderado por Álvaro Obregón- y de otras regiones -donde sobresalían los campesinos del estado de Morelos con su líder Emiliano Zapata-.

Los ejércitos constitucionalistas derrotaron a las tropas de Huerta, que dimitió y partió al exilio en julio de 1914. Los cuatro años de conflictos habían terminado con todo el complejo sistema de pactos y negocios nacionales, regionales y locales establecidos en los largos años del gobierno de Porfirio Díaz.

En su lugar, diversos grupos y caudillos, de base rural, luchaban entre sí para decidir quién iba a gobernar México. Para algunos, como los seguidores de Zapata, el problema principal era otro: la tierra. Su objetivo era el reparto de las tierras a las comunidades campesinas.
Los que habían vencido a Huerta no tardaron en enfrentarse entre sí. Carranza y Obregón fueron los jefes de los triunfadores. Villa y Zapata, los de los derrotados. En 1917 fue sancionada una nueva constitución que consagró importantes principios: aumentaba las atribuciones del poder ejecutivo, fijaba un mandato de cuatro años sin posibilidad de reelección para los presidentes, aseguraba al estado la propiedad del subsuelo, establecía numerosos derechos sociales -derecho de huelga, jornada de ocho horas, prohibición del trabajo infantil, salario mínimo, etc.-, separaba estrictamente la Iglesia del estado. Se nacionalizó la riqueza minera.

En 1920 terminaron las resistencias. Diez años de guerras habían dejado la economía absolutamente destruida y centenares de miles de muertos en los campos. De todas maneras no se avanzó en la democratización política, volviéndose a prácticas muy parciales, parecidas a las de Porfirio Díaz. Los indígenas y pequeños propietarios siguieron sufriendo las injusticias del sistema y sus vidas sin grandes diferencias a la etapa oligárquica.

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