Escritos de un Internacionalista

- - - El Idealismo debe definir nuestros fines últimos; el realismo debe ayudarnos a reconocer el camino que debemos recorrer para alcanzarlos. - - -

Aristóteles siempre ha sido uno de los más importantes escritores y filósofos en la antigüedad. Preocupado por el análisis político y el sistema de gobierno, cae en cuenta que es necesario el saber qué es el ciudadano, puesto que los ciudadanos son los elementos mismos del Estado en un número aproximado.

De acuerdo a Aristóteles, no basta con sólo contar con el domicilio dentro del territorio y tampoco por el hecho de entablar una acción jurídica en los tribunales de acusado o acusador, ni incluso de aquellos descendientes de los ciudadanos en el extranjero. Por el contrario, la insigne del verdadero ciudadano es el goce de las funciones de juez y magistrado; es decir una magistratura. Un asunto importante es que no a todos los hombres de la ciudad se les puede llamar ciudadanos, sino tan solo respecto de aquellos que no tienen que trabajar para vivir, el titulo sólo pertenece al hombre político que puede ocuparse de los intereses comunes.

Fuera de la democracia, no existe el derecho común ilimitado de ser miembro de la asamblea pública y juez. Por el contrario, los poderes son especiales, porque se pueden aplicar en ciertos aspectos o limitarse a algunos. Así llega a la conclusión de que el individuo es ciudadano cuando puede tener una voz deliberante (cierto tipo de poder) en la asamblea pública y en el tribunal: y por Estado, positivamente hablando entiende que es una masa de hombres de éste genero, que posee todo lo preciso para satisfacer las necesidades de la existencia.

Afirmando que el Estado es una asociación, entonces llega a la conclusión de que el Estado no queda idéntico ni estático en su forma, por el contrario es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándola

En su siguiente análisis, aborda las virtudes de los individuos, tanto privado como del ciudadano. En las del ciudadano, la prosperidad de la asociación es el objetivo y obra común, y la asociación es el Estado, por tanto la virtud del ciudadano, se refiere exclusivamente al Estado. La virtud del ciudadano puede ser distinta a la del hombre privado.

Nos hace mención de la república perfecta, la cual va en paralelo con la virtud cívica que deben tenerla todos, puesto que es condición indispensable para la perfección de la ciudad; pero no es posible que todos ellos posean la virtud propia del hombre privado que constituye el hombre de bien.

Plantea la pregunta si existirá alguna persona que logre conjugar bien las dos virtudes, la respuesta es sí. El magistrado digno del mando que ejerce, y que es virtuoso y hábil. Innegablemente nos lanza la idea del mando y obediencia. Para esto, menciona que hay dos puntos importantes: primero, que el que obedece y el que manda no deben aprender las mismas cosas; segundo, que el ciudadano debe poseer ambas cualidades: la de saber ejercer la autoridad y la de obediencia.

En el Estado solo hay una autoridad, que se ejerce sobre hombres libres e iguales por su nacimiento. Esta es la autoridad política que debe tratar de reconocer el magistrado, comenzando por obedecer. “La única y verdadera escuela del mando es la obediencia”. Complementando el mismo asunto, está la virtud de la prudencia, la cual es la exclusiva del mando.

Acerca de los gobiernos y las constituciones, deriva que la constitución es la que determina con relación al Estado la organización de las magistraturas; el soberano (en las democracias es el pueblo) es el gobierno y el gobierno es, pues, la constitución misma. Todas las constituciones hechas en vista del interés general son puras porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal están viciados y no son mas que corrupción. Las constituciones puras tienen por ejemplo los reinados (uno solo); Aristocracia (gobierno de la minoría) y cuando la mayoría gobierna en pro del interés general recibe el nombre de república, recordemos que todos estos son hombres de bien.

Las desviaciones de estos gobiernos son: la tiranía, la oligarquía y la demagogia. Ninguno de estos gobiernos piensa en el interés general.

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