Escritos de un Internacionalista

- - - El Idealismo debe definir nuestros fines últimos; el realismo debe ayudarnos a reconocer el camino que debemos recorrer para alcanzarlos. - - -


ÁFRICA BAJO LA DOMINACIÓN COLONIAL:
ÚLTIMOS MOMENTOS 
Por:
Eduardo González Cinto

Estamos luchando para que nuestros países, que han sido martirizados y despreciados durante siglos, no sean gobernados más por los insultos, para que nuestros pueblos más nunca sean explotados por los imperialistas, de paso no sólo por gente de piel blanca, porque no estamos confundiendo la explotación o los explotadores con el color de las piel de los hombres; sino que nosotros no queremos ningún tipo de explotación en nuestros países, ni siquiera por gente negra”
Amílcar Cabral

 Es un tema delicado el recordar el largo camino que tuvieron que cruzar los africanos en la lucha por la independencia: la invasión de europeos para implantar la esclavitud dentro y fuera del continente, la repartición arbitraria de África entre los europeos sin respetar las organizaciones locales, el establecimiento de la dominación colonial con la intención de “civilizar” a los africanos, el establecimiento de regímenes racistas que provocarían la muerte de incontables personas, son tan sólo una parte de lo que los africanos fueron capaces de resistir y superar.
El colonialismo desde su instauración y hasta su finalización, que aproximadamente perduró setenta años, habría de ser un legado obscuro dentro de la historia del continente africano. Como enuncia Ferran Iniesta: “La colonización forma parte de África, y no es una superposición que habría dejado intacta la base cultural africana. Nadie sale indemne de una relación de frontera y menos aún de una relación jerárquica de dominación en la que las fronteras pierden los contornos”.[1]
El sistema colonial que se implantó en África tuvo una importante consecuencia en la vida cotidiana de los habitantes de África y como lo describe uno de los principales dirigentes revolucionarios, Amílcar Cabral:
La experiencia de la dominación colonial muestra que en el intento de perpetuar la explotación, el colonizador no solamente crea todo un sistema de represión de la vida cultural del pueblo colonizado, sino que incluso sucinta y desarrolla la alienación cultural de una parte de la población, ya sea mediante la pretendida asimilación de los indígenas o mediante la creación de un abismo social entre las elites autóctonas y las masas populares[2].
La figura de fideicomiso se instauró con la Sociedad de Naciones en el marco de ayudar al desarrollo de los territorios que estaban bajo dominio paternalista de alguna potencia. Se puede observar que “La política del fideicomiso tenia semejanza con la política de gobierno indirecto de los territorios británicos de África: en todas partes había dado a las comunidades africanas cierta participación en la gestión de sus propios asuntos a nivel local y a través de autoridades tradicionales”.[3] Cabe hacer la mención que los pocos que formaban parte de éstos gobiernos locales, no ejercían cargos de primer o segundo nivel, al contrario sólo ocupaban carteras de cuarto nivel como máximo. A pesar de eso, esa clase era observada como la élite local, los afortunados que podían obtener cierto beneficio de los colonizadores.
Se puede decir que uno de los mayores defectos de las políticas coloniales era la negativa y la falta de creación de oportunidades políticas para la satisfacción de la nueva generación de personas que eran la élite instruida.
En los territorios británicos, el gobierno indirecto ofrecía un status y con frecuencia considerable poder a los jefes hereditarios y otros miembros de las aristocracias étnicas tradicionales, pero dejaba a las nuevas clases profesionales instruidas sin influencia política o sin reconocimiento social. De acuerdo a un escritor francés, en los territorios británicos, “Era económico para el colonizador conservar, en la mayor medida posible, la existencia de instituciones y autoridades locales, asegurar su funcionamiento y respetar la organización habitual. Bastaba entonces, teóricamente con <<aconsejar>> a los jefes para obtener del sistema colonial las satisfacciones que el colonizador esperaba”[4]. Tenemos que ser bastante cautelosos al esgrimir el término “aconsejar”, puesto que no eran consejos lo que los colonizadores emitían, por el contrario se trataba de dar órdenes y esas mismas se tenían que cumplir en mayor medida. Las potencias coloniales no hicieron algo de buena fe como lo establecían en papel, simplemente eran intereses económicos lo que imperaban y los británicos se distinguieron por su pragmatismo económico.[5]
Con el sistema francés, los africanos instruidos podrían ascender más en la administración gubernamental pero sólo a costa de una completa identificación con Francia y la cultura francesa, lo que implicaba cortar los nexos con el resto de sus compatriotas africanos. A decir verdad, muy pocos fueron los que fueron capaces de asimilarse totalmente con la cultura francesa debido a los requisitos tan altos que se requerían para ser considerados franceses.
Por otro lado, es importante que las personalidades Casely Hayford en Costa de Oro, Blaise Diagne en Senegal, Hebert Macauley en Lagos y Tengo Jabalu en EL Cabo; ninguno de ellos creó movimientos de masas. Es probable que el momento coyuntural aún no se presentara; la cultura política de los africanos no estaba lo suficientemente desarrollada para participar. En la generación posterior, encontramos a Aziquiwe, quien comprendió que las reformas más importantes no podían llegar a menos que  los africanos instruidos tomaran contacto con los no instruidos y ahora podemos ver que sus ideas rindieron frutos al ser considerado como el padre del nacionalismo nigeriano. Sobre otros personajes que serían bastante importantes en un futuro cercano por su brillantez son Nkrumah y Seghor, quienes se encontraban estudiando en Estados Unidos y en Europa respectivamente.
La Segunda Guerra Mundial ocasionó que la partitura de cambio en la historia de África comenzara a sonar en un tono imparable.
El reclutamiento de soldados para el frente en Etiopia, Norte de África, Italia y Alemania, ocasionó de manera directa que el número de africanos políticamente conscientes se incrementara. Además, la ocupación de Francia por Alemania en mayo de 1940 y después de Bélgica y Holanda, significó un duro golpe para el prestigio de las potencias coloniales. Los africanos tomaban conciencia que los Europeos podían ser derrotados y expulsados de territorios en que se encontraban; la superioridad que predicaban quedaba mermada con los hechos que visualizaban en el campo de batalla. Además el intercambio de ideas y los contactos que tuvieron los soldados con los aliados, fue más que constructivo para abrir el panorama hacia otro tipo de camino a segur.
Por otra parte, la división entre Vichy y De Gaulle propició una disminución del prestigio francés entre los africanos.
Una consecuencia trascendental que tuvo la conclusión de la SGM fue el traslado de poder y liderazgo político, económico y militar que se encontraba en Europa Occidental a las dos superpotencias: Estados Unidos de Norte América y la URSS. Ambas estaban comprometidas, al menos en principio, con la causa antiimperialista.
Un duro golpe que sufrió el colonialismo post guerra mundial fue en 1947, cuando el imperio británico finiquitó su presencia colonialista en la India. En ese lugar, los Partidos políticos de tipo nacionalista moderno habían ido desarrollándose desde tiempo atrás y recibían el apoyo de miles de personas.
El institucionalismo de EEUU con la ONU mediante la figura de Fideicomiso, fue el método que se utilizó para crear presión sobre los Estados coloniales para su desarrollo. El objetivo básico del régimen de administración fiduciaria sería:
Promover el adelanto político, económico, social y educativo de los habitantes de los territorios fideicometidos, y su desarrollo progresivo hacia el gobierno propio o la independencia, teniéndose en cuenta las circunstancias particulares de cada territorio y de sus pueblos y los deseos libremente expresados de los pueblos interesados, y según se dispusiere en cada acuerdo sobre administración fiduciaria.[6]
En la Conferencia Afro-Asiática en Bandung de 1955, cuyos asistentes fueron los partidos menores y/o subdesarrollados comandados por India [quien era ahora un país independiente], hubo una estricta condena al colonialismo y al apartheid en Sudáfrica; del mismo modo, se realizó un llamamiento al mundo desarrollado para la cooperación en contra de los enemigos del subdesarrollo y la pobreza y para el otorgamiento de la libertad e independencia a los pueblos coloniales. En esa reunión se declararon los principios que fundarían el Movimiento de los No Alineados.
Para los africanos marcó el comienzo de la última y decisiva fase del movimiento revolucionario. En palabras de Rolad: “Los Africanos empezaron a preguntarse por qué ellos no podían también participar en la democracia mundial de las Naciones Unidas, donde los nuevos Estados asiáticos formaron rápidamente un importante grupo anticolonialista, causa que ella era apoyada en sus distintas formas, por las repúblicas americanas y por los Estados comunistas”.[7] Los africanos ahora tenían parte del apoyo internacional por parte de los que antes eran colonias.
Las potencias vislumbraban el final de la dominación colonial en África durante al menos medio siglo más, pero la realidad fue otra. Las razones fueron: 1) demanda de  productos tropicales y los precios se habían incrementado y sostenido de manera constante, 2) apropiación de una parte mucho mayor de los recursos de los exportadores africanos mediante negocios con empresas comerciales estatales, 3) inversión por parte de las potencias coloniales para el desarrollo [por presión internacional o por una sensación de que las colonias tenían valor real para las potencias coloniales. Pareciera que los colonizadores ahora si hicieran una significativa inversión en los servicios públicos.
Entre 1946 y 1955, se gastaron 210 millones de libras esterlinas de fondos concedidos por la Ley de Desarrollo y Bienestar Colonial para el desarrollo de los territorios británicos [CD&W][8]. Los franceses no se quedaron atrás y crearon el FIDES con una ayuda aún mayor que la de los británicos. Se piensa que fue altruismo de buena fe pero la verdad es que fue interés. Con Walter Rodney podemos hacer más clara la idea:
La situación real se puede resumir de la siguiente manera: los obreros y campesinos africanos produjeron para el capitalismo europeo bienes y servicios de un determinado valor. Retuvieron una proporción muy pequeña de los frutos de su trabajo en la forma de salarios, pagos al contado y servicios sociales extremadamente limitados, que fueron esenciales para el mantenimiento del sistema colonial. El resto se fue a las manos de los diversos beneficiarios del colonialismo.
Básicamente la FIDES y la CD&W fueron el producto de las condiciones objetivas de la postguerra en Europa. En un momento en que los países capitalistas de Europa Occidental se debatían desesperadamente por salvar a sus colonias, cara a cara con el socialismo e incluso con la competencia de Estados Unidos. Un tal Bevin […] observaba en aquellas fechas: “Las otras dos potencias mundiales, los Estados Unidos y la Rusia Soviética, tienen inmensos recursos. Pero para que Europa Occidental estabilice su balanza de pagos y logre un equilibrio en el contexto mundial, es urgente que desarrolle y disponga de sus recursos (africanos).” El examen cuidadoso de las operaciones de la CD&W y de la FIDES revela que no se contribuyeron en nada al desarrollo africano, aunque sí en mucho al bienestar de la Europa capitalista. [9]
De ésta manera encontramos que los europeos no fueron bondadosos ni cumplían de buena voluntad los principios de solidaridad y de desarrollo para los territorios que tenían bajo su dominio, principalmente era para obtener la mayor cantidad de beneficio de ellas, algo parecido a una explotación o tal vez llegando a un nivel más alto.
Todo esto provocó un inicio de optimismo para los gobiernos coloniales, ahora contaban con un programa de desarrollo en miras de una industrialización vía energía eléctrica. Desgraciadamente estos planes, en su gran mayoría se vieron frustrados posteriores debido a su propia planeación. No solo la electricidad era importante, también lo era la expansión y la diversificación de productos agrícolas tanto para la comercialización y para el consumo interno. Para realizar esto era necesaria una revolución en los métodos de cultivo de los productos; se planteó la idea de rotación de cosechas, la utilización de terrazas para evitar la erosión y la implementación de tecnología un poco más avanzada [aunque no se le puede comparar en nada con lo que tenían en Europa].
También en las ganaderías locales fueron proclives a la producción de ganado con tecnología más moderna y con volumen suficiente para el comercio entre mercados, lo que significó dar el gran salto de las costumbres tradicionales de trasladar el ganado de un lugar a otro a través de largas distancias para la creación de mataderos y lecherías.[10]
Volviendo de nueva cuenta a los escritos de Rodney, encontramos uno de los principales problemas de África de ese tiempo: “no era posible esperar que aquellos planes incursionaran en nuevas aéreas; si además hacían un rotundo caso omiso de factores de desarrollo tales como la necesidad de estimular el comercio interno e interregional de África”.[11]
Todo esto dio como resultado el comienzo de cambios localizados en el sistema de transportes: los caminos llenas de barro ahora eran visto como un problema que tenía que resolverse pronto. Parte considerable de los planes de desarrollo se empleó en la reconstrucción de los caminos y el asfaltado de las principales rutas.
Al término de la guerra, la mayoría de las escuelas estaban en manos de misiones cristianas. Casi todas eran escuelas primarias, y la mayor parte de ellas sólo proporcionaban cuatro años de instrucción en alguna de las lenguas africanas. El asunto de la educación en africana era un verdadero problema para el desarrollo de la región. Buscaron la manera de incrementar el número de años escolares de 4 a 6 para que en los últimos 2, se les enseñase alguna lengua europea. El progreso educativo más importante de los años cuarenta fue la creación en toda África colonial de centros preparatorios para enseñantes de primaria, que en sus primeros momentos fueron sobre todo escuelas en inglés y en francés.[12]
Se necesitaba importar un número de maestros, profesores de universidad, asistentes sociales, ingenieros agropecuarios, peritos, constructores, etc., así como investigadores, proyectistas y asesores de distintas clases […]. Por consiguiente, una buena proporción del dinero dedicado al desarrollo africano, iba a parar a manos de europeos.[13]
Recordemos que la situación y las características de la educación era un asunto para la elite del lugar y a la que no todos los africanos podrían acceder, tan sólo los más brillantes y los afortunados tenían oportunidades de asistir. Era mínima la cantidad de egresados por años si consideramos la magnitud de población total del continente.
En cuanto a la creación de centros de educación de educación universitaria, estaban ligados en primer plano a la continuidad de la educación secundaria, si no existían secundarias se llegaba a un callejón sin salida. En los años posteriores a 1945 y siguiendo los informes de una comisión que emitía el reporte dos años antes que “un corolario ineludible de toda política cuyas metas sean llegar al autogobierno colonial”; se procedió a la creación de cuatro facultades universitarias: Ibadan [Nigeria], Achimota [Costa de Oro], Jartúm [Sudán] y Makerere [Uganda]. En el África francesa se creó la universidad de Dakar en 1955.[14]
La participación de los egresados de esas universidades no tuvo participación inmediata considerable de iniciativa política durante la etapa del África independiente. La razón es que los resultados se planearon para la última década del siglo y no para resultados inmediatos.
El apoyo que recibió la educación en el nivel superior por parte de los gobiernos coloniales, era señal que los gobiernos británicos y francés eran conscientes del proceso de descolonización que se avecinaba, y aunque la cosmovisión de los europeos consistía en dar la imagen de actuar de buena fe, podemos ahora observar que era errónea puesto que no hay que hacer a un lado todo el proceso de lucha y de resistencias en búsqueda de la independencia de los países africanos.
En el tiempo que les quedo después de la guerra, el campo en que los gobiernos coloniales se mostraron más activos fue en el del gobierno local. En los territorios británicos se abandonó prácticamente el gobierno indirecto, al considerárselo demasiado gradual para la presente situación mundial. Los gobiernos británicos de 1945 a 1955 creían tener la obligación de proteger a los colonos del África oriental y central de una transferencia de poder demasiada rápida a la mayoría africana.[15] Se intentaron sistemas como el de la constitución multirracial, en donde cada grupo racial elegía a cierto número de representantes en la legislatura; el problema consistía en la manera de repartir lugares sin tener en  cuenta el número real, lo que ocasionaba descontentos generales.
En África Occidental y Ecuatorial francesa y en Madagascar se crearon asambleas legislativas en los niveles federal y territorial. La mitad de los escaños de las asambleas eran elegidos por los citoyens de plein exercise, lo que significaba que en la práctica el derecho a voto lo ejercía la población francesa residente de las colonias.
La intromisión de los europeos dentro de la cultura, economía, política y costumbres africanas dieron como consecuencia una serie de efectos colaterales con una gran factura que pagar. La lucha por la independencia comenzaría con más fuerza y cohesión a cargo de las generaciones posteriores. Kwame Nkrumah sería uno de los principales líderes que pronto llevarían a Costa de Oro, el Reino Ashanti y la parte inglesa de Togolandia para crear Ghana. Para finalizar, recordemos que: “La imposibilidad de imitar el modelo occidental de democracia no quiere decir que no se puedan imitar de manera selectiva sus instituciones y sus procedimientos”[16].


[1] INIESTA, Ferran. KUMA: Historia del África negra, Bellatera, Barcelona, 1998, pp. 55-57.
[2] CABRAL, Amílcar. “La Cultura Nacional y la Liberación”, en VARELA, Hilda. Cultura y Resistencia Cultural: Una Lectura Política, SEP y Ediciones el Caballito, México, 1985, pp. 41 – 68.
[3] OLIVER y Atmor. África desde 1800, Alianza Editorial, Madrid, 1997, pp. 260.
[4] BERTEAX, Pierre. África. Desde la Prehistoria hasta los Estados Actuales, Siglo XXI, México, 1997, pp. 261.
[5] Otro tipo de intervención que tuvieron los colonizadores fue la denominada “invasión cultural”, término que utilizó Paulo Freire. “En la invasión cultural, como en el resto de las modalidades de acción antidialógica, los invasores son sus sujetos, autores y actores del proceso; los invadidos, sus objetos. Los invasores aceptan su opción. Los invasores actúan; los invadidos tienen la ilusión de que actúan, en la actuación de los invasores”. Puede consultarse el libro de Paulo Freire, Pedagogía del Oprimido, Siglo XXI, México, 1970. Citado en VARELA, Hilda. Cultura y Resistencia Cultural: Una Lectura Política, SEP y Ediciones el Caballito, México, 1985, pp. 103 – 104.
[6] Carta de la Organización de las Naciones Unidas. Artículo 76.
[7] ROLAND, Oliver y Fage, J. D. Breve historia de África, Alianza Editorial, Madrid, 1972, pp. 278.
[8] OLIVER y Atmor. Op. Cit., pp. 267. 
[9] RODNEY, Walter. De cómo Europa subdesarrollo a África, Siglo XXI, México, 1982, pp. 254 - 255.
[10] OLIVER y Atmor. Op. Cit., pp. 267 - 268. 
[11] RODNEY, Walter. Op. Cit., pp. 256.
[12] OLIVER y Atmor. Op. Cit., pp. 267 – 268.
[13] ROLAND, Oliver y Fage, J. D. Op. Cit., pp. 253.
[14] OLIVER y Atmor. Op. Cit., pp. 269 – 270.
[15] Ibídem, pp. 267 – 268.
[16] YACHIR, Faysal. El Mundo Actual. África, Democratización Y Democracia, UNAM, México, 2001, pp. 18.

 
BIBLIOGRAFÍA
BERTEAX, Pierre. África. Desde la Prehistoria hasta los Estados Actuales, Siglo XXI, México, 1997.
INIESTA, Ferran. KUMA: Historia del África negra, Bellatera, Barcelona, 1998.
OLIVER y Atmor. África desde 1800, Alianza Editorial, Madrid, 1997.
RODNEY, Walter. De cómo Europa subdesarrollo a África, Siglo XXI, México, 1982.
ROLAND, Oliver y Fage, J. D. Breve historia de África, Alianza Editorial, Madrid, 1972.
VARELA, Hilda. Cultura y Resistencia Cultural: Una Lectura Política, SEP y Ediciones el Caballito, México, 1985.
YACHIR, Faysal. El Mundo Actual. África, Democratización Y Democracia, UNAM, México, 2001.

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